ENRIQUE GARCÍA NOS DA SUS TRES RAZONES. Entrevista con el autor malagueño a punto de estrenar su último cortometraje, rodado integramente en el Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre.
Enrique Garcia tiene la capacidad de hacerte sentir en cualquier parte como invitado en su casa. Es un tipo amable, cercano y familiar. Cuando habla de cine se apasiona, así que no nos extraña que se haya ganado a los internos y funcionarios del Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre para acercar su realidad a los amantes del género corto. Su último trabajo, TRES RAZONES, rodado con una Red One y con la colaboración del IAJ, Diputación de Málaga, Instituciones Penitenciarias y el Ministerio del Interior, se estrena el próximo 13 de mayo en los Yelmo Cineplex del Centro Comercial Plaza Mayor, a las 22:00 horas.
Empezamos. ¿Qué es TRES RAZONES?
‘Tres Razones’ es una historia que se cuenta en la cárcel. Es el periplo vital que sufre un joven de clase media cuanto tiene que echar más de un año en prisión. Allí conoce a gente que en si se los encontrara en la vida real hubiera evitado seguramente. Esto hace que se replantee su forma de enfrentarse a la condena, a su entorno y a la vida.
¿Cómo surge la idea de rodar un corto en la cárcel de Alhaurín de la Torre?
El Festival de Benalmádena, el FiCCAB, me propone realizar un taller de cine a los reclusos del Centro penitenciario de Alhaurín de la Torre, patrocinado por el Instituto Andaluz de la Juventud. La idea era mucho más sencilla que “rodar” un corto. Pero una vez allí, la disposición del Centro, que ofreció todo tipo de facilidades para desarrollar una historia dentro, la singularidad del escenario y la convivencia con los reclusos, estimuló mi imaginación y el deseo de contar una historia más completa. Una película carcelaria… distinta a lo que hasta el momento había visto en cine.
Eres un director cinéfilo y homenajeador continuo. ¿Cuáles fueron tus referentes fílmicos?
Siempre pienso en Hichtcock, por como utiliza todas las herramientas narrativas y técnicas a la hora de robar la atención del público; en Spielberg a la hora de proyectar las emociones en una pantalla; en Tarantino, a la hora de contentar al niño cinéfilo que todos guardamos dentro; y en Brian DePalma, a la hora de hacer siempre lo que me da la gana experimentando… a veces acertando, otras equivocándome, pero siempre arriesgando y aprendiendo. Aunque para ‘Tres Razones’ no he tenido un referente fijo. Solo quería contar una historia que me pudiera creer, que estuviera cerca de la gente con la que me he criado en Málaga.
¿Cómo es rodar en un centro penitenciario en activo?
Impresiona. Desde la entrada del equipo al propio Centro, con todas las protocolarias medidas de seguridad obligatorias para comenzar a tirar planos. La propia dinámica del Centro, en la que debes ajustar los tiempos de rodaje a los turnos de los internos… desayunos, patio, comedor, descansos, comunicaciones, traslados, ingresos…
El primer día, cuando rodábamos el ingreso de Antonio (Chico García) cometí el error de decir ilusionado: “Bueno, señores, si todo sigue así con este ritmo, acabamos en media hora…”. Y nos tuvieron esperando en una habitación a todo el equipo durante más de hora y media mientras realizaban el ingreso de nueve nuevos recluso procedentes de una pelea entre bandas. Eso fue una buena bofetada de realidad que nos recordaba dónde estábamos y qué nos quedaba por hacer. Adaptarse o morir.
El noventa por ciento de la película se realizó en dos días y medio, rodando veintiúna secuencias. Usamos otros dos días para rehacer y recrear tres nuevas secuencias.
¿Cómo lo vivieron equipo y actores?
El equipo técnico fue muy profesional. Nunca se plantearon problemas ni reparos a la hora de adaptar cualquier escenario a las necesidades del corto. Ellos trabajaban de forma militar. Yo les llevaba a una localización del guión y ellos trabajaban en la luz, la imagen y el sonido sobre el punto de vista que les sugería. Todo partiendo de escenarios reales. Algunos abiertos, como los patios, otros casi claustrofóbicos, como las celdas.
En cuanto al equipo artístico, fue abrumador ver a los actores mezclarse con los internos y respirar con ellos. Una de las actrices, Virginia Muñoz, me hablaba de la papeleta que le suponía ir disfrazada de yonki entre ex drogadictas. Y lo vi claro cuando pensé que todo el mundo ha imitado a un borracho alguna vez. Pero, ¿cómo lo harías si estuvieras rodeado de ex alcohólicos de verdad? Pues desde la verdad. Sin exagerar, ni jugar. Y yo vi esa verdad en cada escena de mis actores.
¿Hasta qué punto se implicaron los internos en el rodaje?
Al ciento por ciento. En el aspecto técnico nos ayudaban a desplazar el equipo por los largos pasillos de Centro. Ayudaban en maquillaje, en los catering. Tenían una entrega total, sin rechistar ninguna petición, echando más horas que un reloj. Nos ayudaban a cuadrar la figuración entre sus propios compañeros.
En el aspecto artístico, ellos me sugirieron actitudes de los personajes desde el mismo guión. En la primera lectura que les hice, ellos opinaron, corrigieron y confirmaron acciones que venían descritas en el libreto. Y una vez que nos dispusimos a rodar, participaron como figurantes, interpretando en escenas como la del economato e incluso ¡haciendo el papel de funcionarios! Imagínate.
¿Alguna anécdota jugosa?
Miles. La que os he comentado del preso haciendo de funcionario. ¡Pasamos de la anécdota al jaleo de tener a un preso vestido de funcionario! Algo tipificado como intento de fuga. Pero es que los mismos funcionarios se volcaron con nosotros, de hecho, la escena de la entrada del furgón de la Guardia Civil fue un regalo que nos hizo un funcionario, dándonos tiempo para montar la cámara y grabar el monitor de vigilancia, mientras los agentes esperaban a que les abrieran. Fueron innumerables. O como otros funcionarios confundieron a Héctor Medina (Carmona), con un preso de verdad, mientras éste, nervioso, no alcanzaba a encontrar su pase de visitante. O el día que le proyecté a Pasión Vega el cortometraje para proponerle que interpretara el tema de la banda sonora, escrito por uno de los internos. E incluso cuando este preso escuchó su canción interpretada por Pasión. Mira, mira… ¡los vellos como escarpias! Podría acabar como el abuelo cebolleta contando anécdotas sobre este rodaje.
¿Cómo entra Pasión Vega en el proyecto?
No estaba en mi cabeza que ella formara parte de ‘Tres Razones’… Más que nada, porque ‘Tres Razones’ evolucionó de forma coherente. Al principio, escribí el guión escuchando a Estopa. No son pocas las referncias carcelarias en sus letras y me pareció una aventura el conocerlos, aunque solo fuera para que me dijera “no”. Pero conforme acudía a la cárcel a documentarme, conocí a tres chicos que componían y tocaban su propia música. Fran, El León y Antonio amenizaban a sus compañeros de celda con sus guitarras, el cajón y el saxo y mi mujer me sugirió que usara ese sonido, el que los presos oyen habitualmente en el patio. No había opción. Así debía ser. La música encajó como un guante en mi historia, pese a que se grabó dos días antes del rodaje.
Pero, hablábamos de Pasión Vega ¿verdad? conozco a Pasión desde hace muchos años. Tenemos amigos comunes, estudiamos en el mismo instituto y tengo muy buena relación con sus hermanos. Ella participó como actriz en mi tercer corto, antes de que se convirtiera en el fenómeno nacional e internacional que es. Pero es que antes que todo eso es un ser humano excepcional. Sensible, divertida, campechana. Abusando de su confianza me cite con ella en su casa de Cádiz y le proyecté el cortometraje.
La canción que cierra la historia es de uno de los internos, Fran Sierra y acompaña la última escena del corto. Le propuese a ella que la interpretara. Ella aceptó entusiasmada y yo, hasta unos días después, no fuí consciente de que la mejor voz de España formaba parte de nuestra historia. Grabamos la canción con los arreglos a la guitarra de Riky Rivera y la flauta de Manolo Olmo, mi músico habitual. Cuando me pasé por la prisión y le puse a Fran su canción por Pasión… bueno, bueno… no hay palabras para describir ese milagro. Esa canción se compuso en una celda, con una guitarra, escrita en una gastada hoja de un bloc, y ahora su autor la escuchaba cantada por Pasión Vega. Eso no ocurre todos los días.
¿Qué dejaste en la cárcel?
Dejas mucho de tu corazón. Esa compasión al conocer a gente que vive lo que tú nunca querrías ni para ti, ni para los tuyos. Porque además, en los internos ves mucho cariño. Mucho respeto. Mucho amor por lo que no se tiene. Por la libertad. A mucha gente cumpliendo una condena, conscientes de ello. No te deja igual estar con ellos allí. Tú vuelves a tu casa, duermes en tu cama y amaneces en tu casa. No discuto que merezcan estar ahí, que por supuesto que sí. Pero no dejas de pensar en cómo les afecta y te abre mucho los ojos. Te cambia.
¿Cómo te enfrentarías a tener que pasar un tiempo a la sombra?
Principalmente con tres razones. Je, je… En serio, es importante saber que nadie de los que están dentro, quieren estar ahí. Y eso es por algo. La cárcel no es sólo un estado físico.
¿Y ahora qué?
Estamos como locos. Muy ilusionados con el próximo estreno el próximo 13 de mayo en los Cines Yelmo de Plaza Mayor, a las 10 de la noche. Pero lo principal, es que sabemos que todavía queda mucho que contar sobre ‘Tres Razones’. Queremos llevar el cortometraje a largometraje. Hay mucha gente interesada en que esto ocurra. Todos los que han visto el cortometraje. Hay mucho que contar sobre la vida en el Centro Penitenciario. Mucho que descubrir sobre Antonio, Carmona, Sara y Lamís. Y lo vamos a hacer, porque merece la pena. Si Dios quiere, y los magos de las calculadoras nos ayudan, volvemos al talego a final de año.
‘Tres Razones’ es un encargo que entró en mi vida sin avisar y se ha convertido en una de las aventuras más importantes de mi vida. Nunca podré desprenderme de ese microcosmos tan extremo, tan duro y tan frágil, a la vez.
Jaime Noguera
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